Un aporte a la discusión sobre el origen del peronismo

La complementariedad, discusión y relación entre estos tres trabajos, amalgaman desde sus diferentes perspectivas una aproximación a una explicación del porqué de la centralidad del peronismo en la escena nacional.

La complementariedad, discusión y relación entre estos tres trabajos, amalgaman desde sus diferentes perspectivas una aproximación a una explicación del porqué de la centralidad del peronismo en la escena nacional.

La sociología y la historiografía argentina, a lo largo del tiempo, han hechos grandes esfuerzos para poder explicar el origen de uno de los fenómenos político-sociales más importantes de la historia del siglo XX: el peronismo. Para ello ha habido distintas interpretaciones que varían desde diferencias ideológicas hasta diferentes enfoques teóricos en el modo de abordar tal fenómeno. Aquí abordaremos los tres intentos más significativos, a nuestro juicio, en torno a comprender y analizar los orígenes del peronismo desde tres perspectivas distintas: la tradicional de Gino Germani plasmada en “Política y sociedad en una época de transición. De la sociedad tradicional a la sociedad de masas”; la de Louise Doyon en “La formación del sindicalismo peronista”; y la revisionista con bases marxistas de Murmis y Portantiero en “Estudio sobre los orígenes del peronismo”. Dada la complejidad y las acaloradas discusiones que aún hoy despierta el fenómeno del movimiento peronista y su protagonismo determinante en la política argentina desde su nacimiento, la complementariedad, discusión y relación entre estos tres trabajos, amalgaman desde sus diferentes perspectivas una aproximación a una explicación del porqué de la centralidad del peronismo en la escena nacional.

Gino Germani encuadra el surgimiento del peronismo dentro de lo que él llamo una “crisis contemporánea”, un período de cambios rápidos y radicales, de las formas de pensar y sentir. Esta crisis se manifiesta en el plano económico, político y moral de las nuevas sociedades de masas. Y para Germani el principal problema se halla en la forma en que estas nuevas masas se integran a la vida política argentina.

Para Germani en la sociedad de aquellos años, cualquier régimen necesitaba para ser duradero del consentimiento activo o pasivo de las masas. Y estas lo conceden cuando sienten que de algún modo son parte de la sociedad nacional. Ahora bien, esta sensación según Germani puede formar parte de un engaño o no. Y en el caso del surgimiento del peronismo estas masas obreras nacionales fueron engañadas, porque este es el espíritu y la diferencia entre los regímenes totalitarios (dentro del cual el autor encuadra al peronismo) y las formas de democracia. La base social que permitió el ascenso de Perón al poder fue el apoyo de grandes sectores de las clases trabajadoras urbanas y rurales, a diferencia del fascismo y el nazismo en Europa, donde la base social que les dio legitimidad estaba constituida por la burguesía y la clase media. El peronismo encontraba su columna vertebral de apoyo en los sectores populares, mientras que las clases medias fueron opositoras. Las causas de este fenómeno fueron según Gino Germani las siguientes: un rápido proceso de industrialización y urbanización masiva cuyas nuevas masas carecían de una experiencia sindical y se encontraban en pleno proceso de “proletarización”; y el problema de integración de estas masas populares a la vida política.

Según Germani estos factores provocaron la identificación de la masa con el “líder” (en el sentido weberiano de la relación carismática de la dominación) lo que representaba un poderoso vehículo en la formación de la seudoparticipación necesaria para el consentimiento (o del consenso en términos gramscianos).  Esto llevo a que los trabajadores que apoyaban a Perón lejos de sentirse despojados de la libertad, sentimiento propio de un régimen totalitario, estuvieran convencidos de que la habían conquistado. Así es como, sostiene Germani, las masas populares argentinas cayeron en una “irracionalidad” semejante a la de las clases medias europeas que habían apoyado al nazi-fascismo. Esta “irracionalidad” tenía para Germani una explicación: las masas populares argentinas, recientemente urbanizadas e industrializadas, sin experiencia sindical, con un movimiento gremial desorganizado por luchas internas y represión, con una legislación social inadecuada al grado de industrialización alcanzado, necesitaban adquirir conciencia de su poder e incorporarse a la vida nacional como una categoría fundamental y lograr un reconocimiento claro de sus derechos individuales en el campo laboral. Si bien estas necesidades no fueron cubiertas por el peronismo, la sensación de que habían sido conquistadas, producto del grado de movilización que habían alcanzado, llevo a los sectores populares a reconocer en Perón al líder que les había permitido obtener tales conquistas.

Esta interpretación de Germani se encuadra dentro de la teoría sociológica denominada “Teoría de la modernización” y  tuvo un gran auge luego de la Segunda Guerra mundial. Ello lo llevo al autor a considerar al peronismo como un movimiento populista. Germani había observado un desfasaje entre el nivel de industrialización y el crecimiento de la tasa de sindicalización, por lo que concluye lo siguiente: la modernización había sido tan rápida que había impedido la incorporación de las nuevas masas movilizadas por los canales institucionales correspondientes al sistema político y los sindicatos. Por lo tanto en estas sociedades ni los sindicatos ni los partidos políticos pudieron contener el ascenso de las masas, lo que abría un panorama propicio para el desarrollo de un régimen autoritario, el ascenso de un líder carismático y la subordinación de valores como la libertad y los derechos ciudadanos a otros más concretos como la justicia social.

En cambio Murmis y Portantiero en “Estudio sobre los orígenes del peronismo”, plantean al surgimiento del peronismo como el resultado de una alianza de clases entre una fracción de la clase industrial y la clase obrera, alianza que sería garantizada por el estado. Esta alianza se pudo dar porque en ese momento coincidieron las demandas del movimiento obrero con el proyecto de desarrollo de una parte de los industriales, que ahora, tras el proceso de industrialización que se había abierto en los años treinta (producto de una alianza de clases dentro del bloque dominante entre el sector más concentrado de la oligarquía y la burguesía industrial plasmada en el Plan Pinedo) necesitaba de la protección del estado para seguir adelante con sus actividades. El sector que va a apoyar a Perón según Murmis y Portantiero era una fracción de la nueva clase industrial empresaria que requería la protección del mercado interno para poder colocar sus bienes; y ello demandaba el crecimiento del poder adquisitivo de la clase trabajadora para poder consumir los productos.

Otro de los motivos fundamentales del surgimiento y apoyo al peronismo por parte de los trabajadores según estos autores, es que ante la situación de la que venía el sindicalismo nacional en la década del treinta donde hubo tantas huelgas y reclamos como derrotas, se presentaba una situación totalmente contraria en el primer lustro de la década del cuarenta, donde las demandas de los trabajadores comenzaban a ser atendidas. Esto provocó que la mayoría de los gremios viejos apoyaran al peronismo, junto a las nuevas masas provenientes del interior (los cabecitas negras) a las que se denominó “nueva clase obrera” que sin una experiencia sindical previa, formaron la base social que permitió la llegada de Perón al poder. Esta mirada es totalmente contraria a la de Gino Germani, ya que aquí no existe líder carismático que los halla movilizado, sino que los obreros eligieron apoyar a un gobierno que les dio aquello por lo que habían luchado muchísimos años. Hay entonces una acción racional por parte de los trabajadores que eligen en base a sus experiencias, reclamos y conquistas, y no una acción irracional como la que plantea Germani. Y lo sostienen en base a que comprueban que entre 1943 y 1945 no hubo un crecimiento importante del sindicalismo organizado, por lo que llegan a concluir que fueron los viejos sindicalistas los que llevaron a Perón a la presidencia y no solamente “las nuevas masas populares seducidas por el líder carismático” provenientes del campo. Es por ello que las hipótesis que manejan estos autores en torno a los orígenes del peronismo son las siguientes:

1)      que en el surgimiento del peronismo tuvieron una intensa participación los sindicatos de obreros “viejos”

2)       que es difícil otorgar la caracterización de pasiva (como lo había hecho Germani) de los trabajadores en la génesis del movimiento nacional popular y

3)      que la participación conjunta de “nuevos” y “viejos” obreros fue posible por que implicaba el alcance de un proyecto social que tenía como componente importante la continuidad programática con reclamos previos de las organizaciones obreras.

Así es como Murmis y Portantiero concluyen que en el proceso de génesis del peronismo tuvieron una intensa participación dirigentes y organizaciones gremiales viejas, participación que llego a ser fundamental a nivel de los sindicatos y de la CGT y muy importante en la formación del Partido Laborista. Esto significa no poner en duda el papel jugado por los obreros recién incorporados a la industria, pero si relativizarlo.

En “La formación del sindicalismo peronista” Louise Doyon sostiene que en los primeros años de Perón en el Departamento Nacional de Trabajo, los viejos sindicatos mantuvieron una postura expectante en cuanto a su figura (descarta los sindicatos conducidos por el Partido Comunista el cual tuvo un rápido posicionamiento en contra de Perón) y que recién en 1945 esa posición cambio cuando los empresarios comenzaron a criticar públicamente las medidas de protección laboral que Perón había implementado desde la Secretaria de Trabajo y fundamentalmente cuando a comienzos de octubre de ese año, Perón fue obligado a renunciar y luego detenido por sus propios camaradas del ejército. Esto junto al progresivo aumento de la tasa de sindicalización (aunque Murmis y Portantiero demuestran que lo de “aumento progresivo” es relativo) y la implantación paulatina de grandes sindicatos nacionales permitió a los trabajadores aprovechar el contexto político favorable posterior a estos acontecimientos que provocaron la gran movilización del 17 de octubre. Los trabajadores se vieron motivados por la victoria política que había significado llevar a Perón al poder, porque así lo sentían, y se lanzaron a plasmar esa victoria en el plano económico a través de grandes huelgas y paros. Y en este sentido jugo un papel muy importante las iniciativas del gobierno peronista

Esta interpretación de Doyon tiende a valorizar el papel jugado por los viejos sindicatos en los orígenes del peronismo, como lo hacen Murmis y Portantiero, pero también reconoce una importancia capital en las políticas llevadas adelante por Perón en los primeros años, sobre todo los que van desde 1943 a 1948, primero en la Secretaria de Trabajo y luego en la presidencia. Estas políticas residen, según el autor, en la percepción instrumental que había advertido Perón acerca de la protesta obrera como factor fundamental para ayudar a desmantelar el antiguo orden excluyente, condición necesaria para mantener el consenso con los trabajadores. Es decir la posibilidad de utilizar al movimiento obrero como factor de presión y no de poder. Y advierte que para que la protesta obrera no se le escape de las manos, recurrió a políticas de control sindical y a la burocratización de los sindicatos de trabajadores.

La visión de Louise Doyon se apoya más en un análisis relacional entre las políticas implementadas por Perón y su influencia en la dinámica de los conflictos laborales del movimiento obrero atribuyéndole a ambos un papel protagónico en el proceso de formación del peronismo como fenómeno político social. Es una posición diferente la de Doyon a la discusión teórica que proponen Murmis y Portantiero con Gino Germani. Doyon explica el ascenso de Perón al poder como una relación entre sus políticas y el desarrollo del movimiento obrero nacional, sin atribuirle ninguna característica de relación líder-masa como lo hace Gino Germani y coincidiendo con Murmis y Portantiero en la importancia que jugaron los viejos sindicatos en la gesta del 17 de octubre y en la formación del Partido Laborista como factores que lo colocaron en el gobierno.

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